Come Back to Your Senses: la libertad no está en tu mente

Come Back to Your Senses: la libertad no está en tu mente

Picture this: Una mujer está sentada con los ojos vendados. No es la única. A su alrededor, todas las personas tienen los ojos cubiertos y exploran los sentidos en pareja: una ofrece un aroma, un sonido o una textura y la otra lo recibe. Luego cambian.

Pero ella ha decidido hacer el ejercicio sola.

En vez de recibir los estímulos de otra persona, se los ofrece a sí misma. Puede tomarse su tiempo, seguir su curiosidad y observar cómo responde su cuerpo sin preguntarse si lo está haciendo “bien”. Además, hay algo muy liberador en tener los ojos cubiertos: si tú no puedes ver a nadie, es mucho más fácil olvidar que alguien podría estar mirándote. La lógica no es perfecta, pero el sistema nervioso parece aceptarla.

Cuando termina, nos cuenta que acaba de experimentar un momento de amor propio y conexión con su cuerpo como nunca antes lo había sentido. Yo la escucho conmovida porque me reconozco en ella.

Aunque, para explicarte por qué, tengo que llevarte de regreso a 2019, cuando intentaba pensar mi camino hacia la libertad.

Spoiler alert: la libertad no estaba escondida detrás del próximo pensamiento.

Yo solo quería encontrar el sentido de la vida. Casual.

En 2019 trabajaba en algo que no amaba, pero tampoco detestaba. No era una vida terrible, y a veces eso hace más difícil reconocer que algo necesita cambiar. No hay una gran catástrofe de la cual escapar, solamente una vocecita insistente que pregunta: “¿Esto es todo?”.

Sentía que mi alma había venido a hacer algo más. Quería libertad: ser dueña de mi tiempo, viajar, explorar y tener espacio para ritualizar mi vida. El único detalle era que no sabía cómo crearla ni quién necesitaba convertirme para vivirla.

Viendo mi carta natal, esta búsqueda tiene sentido. Tengo el Sol, Mercurio y Venus en Géminis en casa nueve: el territorio de las preguntas existenciales, los viajes y los sistemas de significado. Básicamente, vine equipada para preguntarme por qué estamos aquí y después abrir doce pestañas para investigarlo.

Mi mente era excelente interpretando la vida. ¿Sentir algo antes de explicarlo? Eso todavía estaba en desarrollo. Mientras buscaba el mapa perfecto, mi cuerpo ya conocía el camino.

Plutón entra al chat

Los aceites esenciales fueron una de las primeras puertas. Comencé a incorporarlos a mis rituales, creando mezclas para acompañar emociones, intencionar transformaciones y manifestar nuevas posibilidades. Así nació la alquimia botánica de Moonwitch.

En aquel momento pensaba que estaba trabajando con energía e intención. Y sí, lo estaba. Pero también hacía algo más sencillo: detenerme, respirar y sentir.

Un aroma no espera a que lo analices. Entra por la nariz y el cuerpo responde. Puede despertar un recuerdo, producir rechazo o transportarte a un lugar que ni siquiera sabías que extrañabas. La mente llega después con su presentación de PowerPoint sobre lo sucedido.

Ahora veo a mi Plutón retrógrado en Escorpio, instalado cómodamente en la casa uno como quien compra una propiedad y anuncia: “Aquí vamos a morir y renacer varias veces”. Yo creía que estaba creando mezclas. Plutón tenía en mente una remodelación completa de la identidad.

Después llegó el tarot para hacerlo todavía menos sutil. El Diablo y La Torre aparecían constantemente en mis lecturas. Muy tranquilizador, ¿no?

Las cartas querían llevarme al sótano: el lugar donde escondemos los deseos que juzgamos, los patrones que preferimos llamar “personalidad” y las versiones de nosotrxs que ya murieron, pero todavía conservan una llave de la casa.

Estaba descubriendo que acercarme a mi oscuridad no apagaba mi luz. Me permitía reconocer de dónde nacía.

Ni siquiera la naturaleza está disponible todos los días

Observar la Luna me ayudó a observar mis emociones. A través de los rituales, las estaciones y mi ciclo hormonal, fui reuniendo las piezas del rompecabezas que me sigue llevando de regreso a mí.

Porque, aparentemente, esta mujer con tanto aire en la carta necesitaba un sistema simbólico completo para descubrir que también tenía cuerpo.

Los ciclos me enseñaron que no todo momento es para hacer. Hay momentos para iniciar, brillar y expandirse. También los hay para cosechar, descansar y volver hacia dentro. As above, so below. Como sucede en el cosmos, sucede en mi cuerpo.

Mi ascendente en Libra buscaba un equilibrio perfecto, pero la naturaleza me enseñó que el equilibrio está vivo: es moverse entre aparecer y retirarse, hacer y descansar. Mi Luna en Leo en casa diez, por su parte, tuvo que aceptar que no necesita ofrecer una función todos los días para merecer amor. Hasta el Sol se retira al final de la tarde y nadie cuestiona su compromiso con su marca personal.

Mi cuerpo ya llevaba años comunicándose conmigo a través de la música. Desde adolescente podía pasar horas cantando y bailando, mucho antes de conocer palabras como embodiment. Más adelante, el baile se convirtió en una práctica para liberar emociones y el canto energético en una manera de armonizarme.

Algunas emociones no necesitaban otra explicación ni —Diosa nos libre— otra ronda de sobreanálisis. Necesitaban vibrar.

El deseo también quería ser parte del ritual

Desde 2019 he vivido mis relaciones desde la no monogamia ética. Este camino me abrió a otras personas, formas de vincularme y maneras de entender la vida. También abrió una puerta que no aparece en todos los manuales de crecimiento espiritual: la sexualidad.

Siempre había sido aventurera, pero no sabía cuánto más podía explorar hasta que conocí los territorios del kink y el BDSM. La sexualidad comenzó a revelarse como algo más que placer: también podía ser un espacio para expresar, liberar y crear.

Mi carta no parece sorprendida. Tengo a Marte en Piscis en casa cinco: un deseo imaginativo, intuitivo y atraído por la entrega. Su trígono con Plutón sugiere que la sensualidad y el juego difícilmente se quedarían en la superficie; querían llevarme a las profundidades y regresar con información. Júpiter en Tauro en casa ocho añade crecimiento a través del cuerpo, la intimidad, la confianza, el placer y lo considerado tabú.

En las comunidades kink encontré valores que hoy considero esenciales para cualquier relación: comunicación, honestidad, consentimiento y límites.

Eso no significa que entré sabiendo exactamente lo que quería. No recibí un manual plastificado indicando dónde terminaba mi curiosidad y comenzaba mi límite. Algunas veces fui más allá de lo que realmente deseaba porque todavía no reconocía las señales de mi cuerpo ni sabía comunicarlas con claridad.

Explorar me obligó a preguntarme: ¿qué quiero?, ¿qué no quiero?, ¿qué necesito para sentirme segura?, ¿cómo se siente un sí?, ¿cómo se siente un no antes de que mi boca logre decirlo?

No son preguntas exclusivamente sexuales. Son preguntas para la vida.

Aprendí que entregarse no es abandonarse. La entrega consciente requiere confianza, comunicación y la libertad de detenerse o cambiar de parecer.

¿Es incómodo o placentero? Sí.

Las prácticas de restricción y exploración sensorial profundizaron ese aprendizaje. Cuando un sentido se reduce, los demás suben el volumen. Un aroma ocupa más espacio, el roce más pequeño se vuelve enorme y la respiración pasa de actriz secundaria a protagonista.

La respiración me ayuda a permanecer con una sensación antes de que mi mente la clasifique como “buena” o “mala”. He descubierto algo parecido al entrar en una tina de hielo: mi mente grita “¡Sal de aquí!” y mi respiración responde “Espera, observemos”. Mi ascendente en Libra solamente quisiera que ambas llegaran a un acuerdo civilizado.

Cuando suspendo el juicio, puedo hacer una pregunta distinta: ¿qué quiere decirme esta sensación?

Para mí, eso es la no dualidad encarnada: descubrir que pueden coexistir la incomodidad y el placer, la vulnerabilidad y el poder, la entrega y la autonomía.

Resulta que mi búsqueda de libertad no necesitaba más esfuerzo. Necesitaba más confianza.

Del juego nació un ritual

Cuando mi pareja, Juanpa, y yo descubrimos que compartíamos una fascinación por el cuerpo, los sentidos y la no dualidad, nuestras exploraciones comenzaron a encontrarse.

Él creaba meditaciones sensoriales inspiradas en el tantra shaivista no dual. Yo trabajaba con aceites, canto y rituales. Además, los dos somos Manifestadores en Human Design y tenemos el Sol en Géminis. Obviamente no podíamos limitarnos a disfrutar una experiencia bonita entre nosotros. Teníamos que convertirla en un evento.

Durante una fiesta de nuestra comunidad de sexualidad positiva, facilitamos un ritual para descender al cuerpo y explorar la sensualidad. Ahí fue donde aquella mujer eligió hacer la experiencia sola.

Después de escucharla hablar sobre su momento de amor propio, comprendí que algo nacido de nuestra intimidad y curiosidad podía abrir una puerta para otras personas.

Mi Luna en Leo quería compartirlo. Mi Sol en casa nueve quería darle significado. Marte en casa cinco quería que fuera sensual y divertido. Júpiter en casa ocho quería profundidad. Y Plutón, por supuesto, no iba a asistir si nadie se transformaba.

Así nació Come Back to Your Senses.

Ahora involucra a tu cuerpo

Haz una pausa. Sí, tú. Sé que es tentador leer un texto entero sobre el cuerpo sin involucrar al cuerpo, pero intentemos algo distinto.

Inhala lentamente por la nariz y exhala por la boca dejando salir un sonido de liberación. Puede ser una Aaaaaaah. Repítelo tres veces.

No necesitas sonar bonito. Nadie está calificando tu exhalación. Y si te da pena aunque estés a solas, quizá acabamos de encontrar algo interesante.

Siente el aire, el sonido y la vibración. ¿Estás apretando la mandíbula? ¿Conteniendo el vientre? ¿Qué está vivo en ti cuando dejas de analizarte y comienzas a escucharte?

Mi mente tenía un plan. Mi cuerpo tenía la respuesta.

Elegí el nombre Come Back to Your Senses porque los sentidos siempre nos traen de vuelta.

La mente viaja al pasado, ensaya el futuro y crea versiones alternativas de conversaciones que probablemente nunca sucederán. El cuerpo solo puede estar aquí, respondiendo a lo que está vivo en este momento.

Hoy la libertad sigue significando tener tiempo para mí, viajar y elegir mi camino. Pero también significa habitarme sin pedir disculpas: sentir mis deseos, respetar mis límites, comunicar lo que quiero y confiar sin exigirle a la vida que siga exactamente el guion que escribí.

Pienso de nuevo en aquella mujer con los ojos vendados. No necesitó ver su reflejo ni recibir la experiencia de alguien más para encontrarse. En la oscuridad, pudo escucharse con mayor claridad.

Quizá eso es lo que he estado aprendiendo durante todos estos años. Mi cuerpo nunca estuvo perdido; era yo quien se había acostumbrado a buscarse en otra parte.

Detente. Respira. Escucha.

La libertad que buscaba no consistía en escapar de una vida que ya no me quedaba. Consistía en dejar de escapar de mí.

Come back to your senses.

Tu cuerpo ya sabe el camino.

 

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